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martes, 27 de enero de 2009

Jesús

INTRODUCCIÓN. (Gabi)
Un equipo de doctores británicos diseñó genéticamente a un niño para salvar la vida del hermano. Charlie Whitaker, de seis años de edad, nació con un extraño trastorno llamado Anemia de Diamond Blackfan (anemia hipoplásica congénita), que le impedía producir glóbulos rojos. Su probabilidad de vida era de 30 años y su única posibilidad de elevar ese diagnóstico era un trasplante de médula ósea de un donante compatible perfecto. Ya que ni los padres ni su hermana eran 100 % compatibles, el niño necesitaba a un nuevo hermano pero éste no sólo tenía que nacer pronto sino que también ser único. Las posibilidades de que sus padres tuvieran tal hijo por medios naturales eran del 20%, por lo tanto los médicos sometieron al embrión a una selección genética y así aumentaron el cálculo al 98%.
Así nació Jaime. Y les permitió a los especialistas trasplantar, de su cordón umbilical, las células necesarias para salvar la vida de Charlie. Tal éxito tuvo el proceso quirúrgico que hasta creen que Charlie no sólo se salvó sino que se curó de su enfermedad. Con todo, Jaime sólo podía salvar la vida de su hermano.
Sin embargo, hubo un padre, que ofreció a su hijo para solucionar la enfermedad de la humanidad.
Su sangre era compatible con la de todas las personas. Él sería la única esperanza de la humanidad. Dios ofreció a su hijo para
que por su sangre nosotros seamos curados del pecado. La enfermedad del pecado no se soluciona con la genética. Sino por la aceptación de un plan perfectamente diseñado por Dios.


1. EL AMOR DE DIOS POR SUS HIJOS. (Maite)
Jesús vivió, sufrió y murió para redimirnos. El se hizo "Varón de dolores" para que nosotros fuésemos hechos participantes del gozo eterno. Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria, a un mundo corrompido y manchado por el pecado, oscurecido con la sombra de la muerte y la maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insulto, humillación, odio y muerte. "El castigo de nuestra paz cayó sobre él, y por sus llagas nosotros sanamos" (Isaías 53: 5). ¡Miradlo en el desierto, en el Getsemaní, sobre la cruz! El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. El que había sido uno con Dios, sintió en su alma la terrible separación que hace el pecado entre Dios y el hombre. Esto arrancó de sus labios el angustioso clamor: "¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?" (S. Mateo 27: 46). La carga del pecado, el conocimiento de su terrible enormidad y de la separación que causa entre el alma y Dios, quebrantó el corazón del Hijo de Dios. Pero este gran sacrificio no fue hecho a fin de crear amor en el corazón del Padre para con el hombre, ni para moverlo a salvar. ¡No, no! "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito" (S. Juan 3: 16). No es que el Padre nos ame por causa de la gran propiciación, sino que proveyó la propiciación porque nos ama. Cristo fue el medio por el cual él pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído. "Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo" (2 Corintios 5: 19). Dios sufrió con su Hijo. En la agonía del Getsemaní, en la muerte del Calvario, el corazón del Amor Infinito pagó el precio de nuestra redención. Jesús decía: "Por esto el Padre me ama, por cuanto yo pongo mi vida para volverla a tomar" (S. Juan 10: 17). Es decir: "De tal manera os amaba mi Padre, que aún me ama más porque he dado mi vida para redimiros. Por haberme hecho vuestro Sustituto y Fianza, por haber entregado mi vida y tomado vuestras responsabilidades, vuestras transgresiones, soy más caro a mi Padre; por mi sacrificio, Dios puede ser justo y, sin embargo, el justificador del que cree en Jesús" Nadie sino el Hijo de Dios podía efectuar nuestra redención; porque sólo él, que estaba en el seno del Padre podía darlo a conocer. Sólo él, que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios, podía manifestarlo. Nada menos que el infinito sacrificio hecho por Cristo en favor del hombre caído podía expresar el amor del Padre hacia la perdida humanidad. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito". Lo dio no solamente para que viviese entre los hombres, no sólo para que llevase los pecados de ellos y muriese como su sacrificio; lo dio a la raza caída. Cristo debía identificarse con los intereses y necesidades de la humanidad. El que era uno con Dios se ha unido con los hijos de los hombres con lazos que jamás serán quebrantados. Jesús "no se avergüenza de llamarlos hermanos" (Hebreos 2: 11). Es nuestro Sacrificio, nuestro Abogado, nuestro Hermano, lleva nuestra forma humana delante del trono del Padre, y por las edades eternas será uno con la raza que ha redimido: es el Hijo del hombre. Y todo esto para que el hombre fuese levantado de la ruina y degradación del pecado, para que reflejase el amor de Dios y participase del gozo de la santidad.

2. EL PRECIO DE NUESTRA REDENCIÓN.

¿Cuánto vale un ser humano?
Muchos se ofenderían si se lo preguntaran, pero es una actividad normal, la de las Compañías de seguros que compensan a famosos y no tan famosos por la pérdida de la vida o de una parte de su cuerpo cuya lista asegurada haría sonrojar a más de uno, incluye desde manos de un pianista hasta senos de una cantante e incluso órganos más íntimos. Hay una lista que debe ser universal de las actividades más peligrosas. En el primer lugar las faenas forestales, le siguen los pilotos de aviación, obreros de la construcción y conductores de camiones. En el lugar 9 vienen los policías y detectives. Hay diferencias de lo que pagan según el país y en USA incluso según el estado. Perder un brazo en Nueva York le cuesta a una aseguradora US 128.000, un dedo es más barato sólo US 18.000.Los famosos siempre han asegurado la parte de su cuerpo que le ha traído la fama. Fred Astaire, el bailarín aseguró sus piernas en US 75.000 cada una. Marlene Dietrich su voz en US 1 millón. Bette Davis se aseguró en US 28.000 para no ganar peso. Jimmy Durante, un comediante aseguró en su época, su nariz en US 50.000.Todo esto a raíz que la artista que protagoniza la serie Betty la fea ha asegurado sus dientes en US 10 millones en el fondo para garantizar su enigmática sonrisa.
Pero el precio real de una persona desde la perspectiva divina, sobrepasa cualquier tasación de cualquier compañía de seguros. Y no es un seguro para cobrarse en caso de muerte o mutilación. Es un seguro que nos garantiza vivir la vida para la que fuimos creados. Eso va en contra de toda política económica de las compañías de seguros: ninguna de ellas aseguraría un coche estrellado o a una persona con enfermedad terminal. Pero Cristo lo hizo. Porque el seguro del cielo, no parte del supuesto de que estamos sanos, sino de que estamos condenados. De ahí, lo incomprensible de la obra redentora de Dios. El precio pagado por nuestra redención, el sacrificio infinito que hizo nuestro Padre celestial al entregar a su Hijo para que muriese por nosotros, debe darnos un concepto elevado de lo que podemos ser hechos por Cristo. Al considerar el inspirado apóstol Juan "la altura", "la profundidad" y "la anchura" del amor del Padre hacia la raza que perecía, se llena de alabanzas y reverencia, y no pudiendo encontrar lenguaje conveniente en que expresar la grandeza y ternura de este amor, exhorta al mundo a contemplarlo. "¡Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios!" (1 S. Juan 3: 1) ¡Qué valioso hace esto al hombre! Por la transgresión, los hijos del hombre se hacen súbditos de Satanás. Por la fe en el sacrificio reconciliador de Cristo, los hijos de Adán pueden ser hechos hijos de Dios. Al revestirse de la naturaleza humana, Cristo eleva a la humanidad. Los hombres caídos son colocados donde pueden, por la relación con Cristo, llegar a ser en verdad dignos del nombre de "hijos de Dios".

CONCLUSIÓN. (Gabi)
Tal amor es incomparable. ¡Hijos del Rey celestial! ¡Promesa preciosa! ¡Tema para la más profunda meditación! ¡El incomparable amor de Dios para con un mundo que no lo amaba! Este pensamiento tiene un poder subyugador y cautiva el entendimiento a la voluntad de Dios. Cuanto más estudiamos el carácter divino a la luz de la cruz, más vemos la misericordia, la ternura y el perdón unidos a la equidad y la justicia, y más claramente discernimos pruebas innumerables de un amor infinito y de una tierna piedad que sobrepuja la ardiente simpatía y los anhelosos sentimientos de la madre para con su hijo extraviado. "Romperse puede todo lazo humano, Separarse el hermano del hermano, Olvidarse la madre de sus hijos, Variar los astros sus senderos fijos; Mas ciertamente nunca cambiará El amor providente de Jehová". Camino a Cristo pagina 11 ¿Cómo responderemos a ese amor manifestado en nuestro favor? Siendo que Cristo es el único que puede restaurar nuestra vida, y que lo ha hecho todo para que esto sea posible, no nos queda más que aceptar su amor y empezar a vivir la vida eterna en Él. ´

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