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miércoles, 28 de enero de 2009

¿Puede el hombre vivir sin Dios?

INTRODUCCIÓN. (Gabi)
La mayor de las incógnitas del ser humano, si Dios existe o no, circula desde hace semanas en dos autobuses de Barcelona, en cuyo exterior rezaba el siguiente anuncio: "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida".
Las dos líneas, 14 y 41, que circulan entre la Villa Olímpica y el exclusivo barrio residencial de la Bonanova, y entre la elegante plaza Francesc Maciá y el nuevo barrio residencial barcelonés Diagonal Mar, llevan en su parte lateral y posterior el lema elegido por los organizadores de la campaña, la Unión de Ateos y Librepensadores de Cataluña. Simultáneamente, en Madrid, un pastor de la Iglesia evangélica de Fuenlabrada, opone su mensaje al de la campaña ateísta y afirma, también en anuncios en autobuses, que "Dios sí existe, disfruta de la vida en Cristo". La campaña, de cuatro semanas de duración, cuesta unos 2.500 euros y por ahora logró recaudar casi 10.000 euros en donativos privados, según Ateos de Cataluña.

1. ¿PUEDE REALMENTE EL HOMBRE VIVIR SIN DIOS? (Mauricio)
Contrario a lo que han afirmado muchas personas a través de los siglos, el hombre no puede vivir sin Dios. El hombre puede tener una existencia mortal sin reconocer a Dios, pero no sin Dios. Como el Creador, Dios originó la vida humana.
Decir que el hombre existe independientemente de Dios, es como decir que un reloj puede existir sin un relojero que lo fabricara, o que un escrito pueda existir sin un escritor. Debemos nuestra existencia al Dios a cuya imagen fuimos hechos. (Génesis 1:27). Nuestra existencia depende de Dios, ya sea que reconozcamos Su existencia o no. Como el Sustentador, Dios continuamente confiere vida. Él es la Vida (Juan 14:6), y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; (Colosenses 1:17) Aún aquellos que rechazan a Dios, reciben su sustento de Él: “… que hace salir Su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” (Mateo 5:45) Pensar que el hombre pueda vivir sin Dios es suponer que un girasol pueda vivir sin luz o una rosa sin agua. Como el Salvador, Dios da vida eterna a aquellos que creen.
En Cristo hay vida, quien es la luz de los hombres (Juan 1:4). Jesús vino para que pudiéramos tener vida en abundancia (Juan 10:10). A todos los que ponen su confianza en Él, se les ha prometido vivir una eternidad con Él. (Juan 3:15-16) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Para que el hombre realmente viva debe conocer a Cristo (Juan 17:3)
Sin Dios, el hombre solo tiene una vida física. Dios les advirtió a Adán y Eva, que el día que ellos lo rechazaran, ciertamente morirían (Génesis 2:17). Como sabemos, ellos sí desobedecieron, pero no murieron físicamente ese día; sino que murieron espiritualmente. Algo dentro de ellos murió, la vida espiritual que habían conocido, la comunión con Dios, la libertad de gozar de Su presencia, la inocencia y pureza de sus almas, todo se acabó. Adán, quien había sido creado para vivir en compañerismo con Dios, fue maldito con una existencia completamente carnal. Lo que Dios había planeado que fuera del polvo a la gloria, ahora debía ir del polvo al polvo. Al igual que Adán, en la actualidad, el hombre sin Dios, aún funciona en una existencia terrenal. Como tal, aún puede parecer feliz; después de todo, hay goce y placer en esta vida.
Hay algunos que rechazan a Dios cuyas vidas están llenas de alegría y diversión. Parece que su existencia e gratificante. La Biblia dice que hay cierta medida de deleite que se obtiene del pecado. El problema es, que
éste es temporal; la vida en este mundo es corta. La Biblia presenta ciertos principios morales, que benefician a todos en este mundo –fidelidad, honestidad, autocontrol, etc. Pero, de nuevo, el problema es que, sin Dios, el hombre solo tiene este mundo. Pasar por esta vida tranquilamente no es garantía de que estemos listos para la vida después de ésta. Veamos la parábola del agricultor rico en Lucas 12:16-21, También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios. Y el encuentro de Jesús con el joven rico en Mateo 19:16-23. Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Más si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Sin Dios, el hombre está incompleto, aún en su vida mortal. Thomas Merton remarcó que el hombre no está en paz con sus semejantes, porque no está en paz consigo mismo, y que él está inquieto consigo mismo, porque no tiene paz con Dios.
La búsqueda del placer por el placer mismo, es señal de confusión interior, sin embargo, ésta es la fachada epicúrea de felicidad. Los buscadores de placeres a través de la historia, han encontrado una y otra vez que las diversiones temporales de la vida dan paso a una desesperación más profunda. Es difícil sacudirse la fastidiosa sensación de que “algo está mal.”
El rey Salomón se entregó a la búsqueda de todo lo que este mundo tiene que ofrecer, y escribió sus resultados en el libro de Eclesiastés.
Salomón descubrió que el conocimiento, por sí mismo, es vano (Eclesiastés 1:12-18). Encontró que el placer y la riqueza son vanas (2:1-11), el materialismo es vanidad (2:12-23), y las riquezas son efímeras (capítulo 6). Salomón concluyó que la vida es regalo de Dios (3:12.13) y que la única manera sabia de vivir es temiendo a Dios: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda Sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.” (12:13-14) En otras palabras, hay más por qué vivir que la dimensión física. Jesús enfatizó este punto cuando dijo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:4). No es el pan sino la Palabra lo que nos mantiene vivos. Blaise Pascal lo puso de esta manera: “Es en vano, oh hombres, que busquen dentro de ustedes mismos la cura para todas sus miserias.” El hombre solo puede encontrar vida y plenitud cuando reconoce a Dios. Sin Dios, el destino del hombre es la muerte. El hombre sin Dios está espiritualmente muerto; cuando su vida física se acabe, él enfrentará una muerte continua—la eterna separación de Dios. El hombre es una creación única. Dios ha puesto el sentido de la eternidad en nuestros corazones (Eclesiastés 3:11) Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin, y ese sentido del destino eterno solo puede encontrar su realización en Dios Mismo.

2. EL DIOS DE LOS CIELOS.
Son muchas las formas en que Dios está procurando dársenos a conocer y ponernos en comunión con él. La naturaleza habla sin cesar a nuestros sentidos. El corazón que está preparado quedará impresionado por el amor y la gloria de Dios tal como se revelan en las obras de sus manos. El oído atento puede escuchar y entender las comunicaciones de Dios por las cosas de la naturaleza. Los verdes campos, los elevados árboles, los botones y las flores, la nubecilla que pasa, la lluvia que cae, el arroyo que murmura, las glorias de los cielos, hablan a nuestro corazón y nos invitan a conocer a Aquel que lo hizo todo.
Nuestro Salvador entrelazó sus preciosas lecciones con las cosas de la naturaleza. Los árboles, los pájaros, las flores, los valles, las colinas, los lagos y los hermosos cielos, así como los incidentes y las circunstancias de la vida diaria, fueron todos ligados a las palabras de verdad, a fin de que sus lecciones fuesen así traídas a menudo a la memoria, aún en medio de los cuidados de la vida de trabajo del hombre. Si tan sólo queremos escuchar, las obras que Dios ha hecho nos enseñarán lecciones preciosas de obediencia y confianza. Desde las estrellas que en su carrera por el espacio sin huellas siguen de siglo en siglo sus sendas asignadas, hasta el átomo más pequeño, las cosas de la naturaleza obedecen a la voluntad del Creador. Y Dios cuida y sostiene todas las cosas que ha creado. Cuando los hombres van a su trabajo o están orando; cuando descansan o se levantan por la mañana; cuando el rico se sacia en el palacio, o cuando el pobre reúne a sus hijos alrededor de su escasa mesa, el Padre celestial vigila tiernamente a todos. No se derraman lágrimas sin que él lo note. No hay sonrisa que para él pase inadvertida. Si creyéramos plenamente esto, toda ansiedad indebida desaparecería. Nuestras vidas no estarían tan llenas de desengaños como ahora; porque cada cosa, grande o pequeña, debe dejarse en las manos de Dios. Gozaríamos entonces del reposo del alma al cual muchos han sido por largo tiempo extraños. Dios nos habla mediante sus obras providenciales y por la influencia de su Espíritu Santo en el corazón. En nuestras circunstancias y ambiente, en los cambios que suceden diariamente en torno nuestro, podemos encontrar preciosas lecciones, si tan sólo nuestros corazones están abiertos para recibirlas. El salmista, trazando la obra de la Providencia divina, dice: "La tierra está llena de la misericordia de Jehová" (Salmo 33 : 5). "¡Quien sea sabio, observe estas cosas; y consideren todos la misericordia de Jehová!" (Salmo 107:43).87 Dios nos habla también en su Palabra. En ella tenemos en líneas más claras la revelación de su carácter, de su trato con los hombres y de la gran obra de la redención. En ella se nos presenta la historia de los patriarcas y profetas y de otros hombres santos de la antigüedad. Ellos eran hombres sujetos "a las mismas debilidades que nosotros" (Santiago 5: 17). Vemos cómo lucharon entre descorazonamientos como los nuestros, cómo cayeron bajo tentaciones como hemos caído nosotros y, sin embargo, cobraron nuevo valor y vencieron por la gracia de Dios; y recordándolos, nos animamos en nuestra lucha por la justicia. Al leer el relato de los preciosos sucesos que se les permitió experimentar, la luz, el amor y la bendición que les tocó gozar y la obra que hicieron por la gracia a ellos dada, el espíritu que los inspiró enciende en nosotros un fuego de santo celo y un deseo de ser como ellos en carácter y de andar con Dios como ellos.


CONCLUSIÓN. (Gabi)
Sin embargo Dios no nos puede obligar a que creamos en Él. Como dicen en la campaña atea: “probablemente Dios no exista” pero yo digo “¿y si probablemente Dios sí que existe?” Qué será de todos aquellos que lo rechazaron. Porque si no existe el final de todos será el mismo: la muerte. No importa como hayamos vivido, el final será el mismo para todos. Pero si Dios existe y todo lo que dice en su palabra es verdad, entonces habrá una diferencia gigante entre el que cree en Dios y el que no cree. ¿Crees tú realmente en Dios? O eres un adventista no practicante. Si oímos hoy su voz, no endurezcamos nuestros corazones.


IMÁGENES DEL DÍA:

2 comentarios:

  1. jajja momentos inolvidables MAURO con corbata ^^

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  2. Buen trabajo Mauricio, ese dia confirme lo que siempre he dicho de ti!!!!!!!

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