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jueves, 29 de enero de 2009

Necesidad de Dios.

INTRODUCCIÓN. (Gabi)
Como hemos estado hablando todos estos días, Dios se acerca al hombre con gran amor y misericordia. Ha hecho concesiones admirables en las que ha establecido su modelo para lograr la armonía. El hombre sólo tiene que aceptarlas y acoplarse a sus designios para lograr un objetivo común. ¿Qué papel desempeña el ser humano, que es en quien se derivará el mayor beneficio? ¿Cuánto tiene que aportar el hombre? Tal vez alguno dirá que nada, pero observando con detenimiento, el ser humano debe aportar lo que dentro de su capacidad pueda hacer. Pero ¿Qué deberá hacer el ser humano para cumplir su parte?

1.- RECONOCER QUE NECESITAMOS A DIOS. (Luis Carlos)
¿Quién es el pecador? yo necesito de Cristo, yo necesito acudir a Él, no puedo continuar distante de Dios, lejos de la salvación que Él me ofrece.
Leeremos Lucas 15:11-20 Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días
después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
Y volviendo en sí, dijo:
¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. –

Lo primero que el hijo pródigo hizo todavía distante de su casa, fue reconocer que se le habían acabado los recursos, que no tenia nada y que si seguía en aquella condición tan precaria seguro que moriría. Volviendo en sí hizo un recuento de bendiciones que había desperdiciado, el ser humano tiene que reconocer su condición precaria y decidir el camino a casa.


2.- ACEPTAR LO QUE DIOS NOS OFRECE.

Hoy el señor nos da la oportunidad, hoy se abre la puerta para aceptar lo que el nos ofrece. Algunas veces creemos que Dios debe ajustar su oferta a nuestra oferta, pero la invitación es hoy, algunos dirán es que hoy no puedo, espera a mañana cuando tenga tiempo, cuando termine de estudiar, cuando me case, cuando tenga dinero, una casa. No podemos ponerle condiciones a Dios, somos nosotros los que tenemos que seguir las condiciones de Dios, por que los planes de Dios no son negociables ni transferibles. Hoy es el día de la salvación, mañana quizá nunca llegará y no podrás cenar con el salvador. Quitémonos la idea de que Dios tiene que entender nuestro problema.
Leamos Lucas 14:16-24 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados:
Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena. Las razones que los invitados le dieron al anfitrión de la fiesta eran todas validas, pero Jesús no acepto ninguna de ellas.

3.- TENEMOS QUE OÍR Y CREER.

Mateo 13:3-9 He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra;
y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.
Cuando estudiamos la parábola del sembrador encontramos a una persona que va dejando la palabra en diferentes terrenos que deberían escuchar. Unos oyeron, pero no entendieron la importancia de lo que oían y los pájaros se comieron la palabra. Otros escucharon, pero era muy comprometedor seguir aquella palabra, resultando en oídos olvidadizos que no van a producir mucho en los pedregales de su conciencia. Solo quienes de verdad oyeron y cultivaron con fervor produjeron fruto.

4.- DEBEMOS DE PERSEVERAR SIEMPRE.

Nosotros decidimos cuánto vamos a dedicar a Dios y cuánto de lo nuestro vamos a poner a su disposición, nosotros decidimos perseverar y cuan fiel queremos ser. Hb 3:14 Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio.
En la vida cristiana de cada uno de nosotros hay momentos lúgubres que también aturden nuestra capacidad para razonar y todo nos parece perdido. Todos hemos tenido situaciones malas y muchas veces no podemos salir solos del problema, no podemos predecir cuando sobrevendrán esas situaciones en nuestras vidas. Pero no debemos dejarnos arrastrar por el agobio de los malos momentos Sal. 52:22 nos dice “Hecha sobre el Señor tu carga y él te sustentará”. Esta promesa es lo suficientemente amplia como para depositar nuestras penas en Dios. Confiar es crucial. Cuando estamos decaídos más debemos confiar en él. Anclarnos en la esperanza que ya nos ha dado, pero que aun nosotros hoy titubeamos en abrazar. Sólo el salvador es la liberación de nuestras tragedias y a Él debemos acudir con la firme seguridad de que nos anclamos en el único que puede rescatarnos.
Los años del ministerio de Jesús en la tierra fueron de constante contacto con aquellos que no teniendo nada en la vida procuraban subsistir a través de las penurias diarias. La enfermedad cundía por todos lados, la desilusión y la falta de fe los tenía a todos desanimados. En esa desesperación, Jesús entiende lo que sufren. Aquella mujer abatida por el dolor diario apenas se atrevía a acercarse a él y tocar su vestido. Sólo su fe la sostenía entre la multitud, y Jesús no la paso por alto “alguien me ha tocado” dijo, y desde entonces la vida de esta mujer enferma cambio.
El lunático perdido entre los sepulcros con ninguna esperanza de renovación, sin salida para su vida. Nadie parecía tener la solución para la esclavitud que vivía, pero apareció Jesús en su camino e hizo la diferencia. Este hombre encontró una nueva ruta de salud y progreso cuando Jesús tomó las riendas de su vida y le estableció que hacer: Lc. 8:39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él. La mujer sorprendida en adulterio escucho palabras similares: “Vete y no peques mas” (Jn. 8:11) Estas palabras provocaron un cambio en su vida. Jesús se acerco a ella y sus problemas encontraron solución.


CONCLUSIÓN. (Gabi)
Jóvenes cuando llega Jesús a la escena, todas las cosas cambian. Hubo luz en el principio cuando estaba el creador, hubo alegría cuando de nuevo Lázaro regresó a su hogar, y Jairo abrazo otra vez a su hija. En todos los momentos de crisis aguda, el ser humano no tiene la solución en sus manos, pero sí Jesús, Él puede cambiar las cosas y el rumbo del corazón atormentado. Joven si tienes problemas en tu vida, recuerda que, la mano de Jesús todavía se extiende como lo hacía ayer y tornaba los lamentos en horas de placer y satisfacción. No hay carga que Él no pueda llevar, pero debes permitirle que tome el control de tu problema. Él sabe como resolverlo, acércate a Jesús trayendo tu problema y no temas. Él te sustentará. Pero si tú no le abres la puerta, Él no podrá entrar. Dale la oportunidad y vas a ver como cambia tu vida.

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