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lunes, 26 de enero de 2009

La reacción de Dios frente al pecado

INTRODUCCIÓN. (Gabi)
Muchas veces decimos que a los hombres no les gusta preguntar por una dirección, que no saben reconocer cuando están perdidos, que eso es más bien cosas de mujeres. Pero con respecto al pecado a la separación de Dios en que condición nos encontramos como seres humanos en general, cuando Adán y Eva pecaron se escondieron de Dios, estaban desorientados y tuvieron miedo. Creo que en el día de hoy descubriremos en qué nivel de desorientación nos encontramos, qué tan perdidos estamos.
Hoy quiero hablarles de lo que nuestro amoroso Padre hizo, no nos dejó perdidos ni desorientados, y debido a ello, Él hizo algo. Dios instaló un sistema en la vida de las personas para guiarnos hacia un destino que es de suma importancia para usted y para mí. Dios nos ha dado señal tras señal, direcciones para llegar final del camino.




1. LA EXPIACIÓN.
(Vanessa)
¿Sabemos lo que significa expiar?
Expiar. (Del lat. expiare).

1. Borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de algún sacrificio.

2. Dicho de un delincuente: Sufrir la pena impuesta por los tribunales.

3. Padecer trabajos a causa de desaciertos o malos procederes.

4. Purificar algo profanado, como un templo.
Sinónimos Purgar, pagar, reparar, purificar, enmendar, desagraviar, satisfacer, sufrir.
En el primer libro de la Biblia, Dios nos dio un avance, de lo que sería la expiación para la humanidad. Por un lado, Dios le dio al hombre el regalo del libre albedrío, pero con esa libertad venía el alto precio de la expiación. En otras palabras, el hombre tenía libertad para elegir, pero su elección de hacer el mal, desobedecer a Dios, requiere algún tipo de pago.
Dios dijo a Adán y Eva: …pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás.» Génesis 2:17 (Nueva Versión Internacional) Adán y Eva ignoraron esta advertencia de Dios. Ellos pecaron y cuando lo hicieron, la Biblia dice que trataron de esconderse de Dios. En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Génesis 3:7 (NVI) Adán y Eva querían cubrir su vergüenza. Ese es un comportamiento muy humano, ¿verdad? Claro que lo es. Toda la creación estaba al filo de sus asientos, esperando ver la reacción de Dios ante el pecado de Adán y Eva. ¿Les caería un rayo desde el cielo? O diría Dios: “No se preocupen, Adán y Eva. Los niños hacen travesuras. Olvidemos el pecado. Me voy a hacer el ciego”. El pecado es cosa seria porque es contra Dios. Ustedes saben que una sociedad no podría existir si las autoridades le dijeran a todos los que infringen la ley: “Oh, no se preocupen. ¿Están arrepentidos? No hay problema, el Estado los perdona.” Con Dios es lo mismo. Todo pecado es grave y Al igual que la ley, Dios no puede dejar libre a los que han quebrantado la ley. ¿Qué hizo Dios con el pecado de Adán y Eva? Génesis 3:16-19 A la mujer dijo: —Aumentaré mucho tu sufrimiento en el embarazo; con dolor darás a luz a los hijos. Tu deseo te llevará a tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: —Porque obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del que te mandé diciendo: "No comas de él," sea maldita la tierra por tu causa. Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado. Porque polvo eres y al polvo volverás. El precio por la rebelión es la muerte y separación eterna de Dios, sufrimiento y tormento. Pero al final de su declaración, Dios hace algo que seguramente los sorprendió: El Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió. Génesis 3:21


2. LA PROMESA DE DIOS
Muchas veces leemos este versículo sin realmente percatarnos de lo que dice. Esta era la primera señal del mapa de Dios. Esto fue lo que hizo Dios para expiar el pecado del hombre. Les dio a los pecadores una manera de pagar por sus pecados sin hacerlo ellos. ¿Se imaginan el dilema de Dios? Por su Santidad, Dios no puede dejar pasar el pecado y suspender la sentencia. A la vez, Dios es tierno y amoroso, y Adán y Eva le importaban. El pecado de ellos los llevó a la perdición y sus hijos tendrían que pagar por sus pecados por siempre. Dios no quería que eso pasara, así que tuvo que proporcionar otra manera para que el pecado fuera pagado.
Miren lo que Dios hizo. Tomó un animal y lo mató frente a ellos. ¿Se imaginan lo que pensaron al ver a Dios matar a un animal? En esa época no había muerte, ellos nunca habían escuchado a un animal gritar, y nunca habían visto sangre. Y Dios frente a ellos, despellejó al animal y los vistió, como para decir: “Su pecado tiene que ser cubierto, en orden para que la expiación tome lugar, un tercero tuvo que pagar el precio”. Este era una muestra del plan de Dios para la expiación. La Expiación Sustituta es un acuerdo donde un tercero, inocente, se pone en lugar del culpable y paga el precio por su pecado, satisfaciendo así la necesidad de justicia que existe. A lo largo de la Biblia hay infinidad historias que nos hablan de su gran amor y que trata de revelarnos su plan. En el libro de Éxodo, los Israelitas eran esclavos en Egipto y el Señor los sacó de ese estado de servidumbre. Dios les dijo que un ángel de muerte pasaría cierta noche y tomaría la vida de cada primogénito varón, de cada casa, a menos que untaran la sangre de un cordero en el dintel y los postes de la puerta. Si seguían sus instrucciones, el ángel, al pasar por la casa y hallar la sangre untada, perdonaría la vida del primogénito. Ex. 12:21-23 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. Algunos no comprendieron este mandato de Dios. Algunos lo ignoraron mientras que otros salieron a los campos a buscar el cordero. Pensemos en esto por un momento. ¿Se imaginan la cara de los hijos que cuidaban el rebaño al ver que su padre tenía un cuchillo en mano para matar el cordero que habían visto nacer? Es muy probable que el niño jugara con él, tal vez era su mascota preferida. Y el padre volviéndose hacia su hijo para decirle: “Lo siento hijo, es hora de la expiación. O es la vida del cordero o la tuya”. ¿Se dan cuenta? Este era el preámbulo de lo que iba a venir. Is. 53:5 Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. De seguro las personas quedaron intrigadas por sus palabras. Al parecer Dios estaba diciendo que un hombre vendría a ser el sacrificio por el pecado. A lo largo del Nuevo Testamento, vemos a Juan predicando y enseñando en el desierto. Cuando Jesús apareció ante él, Juan dijo: ¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! Jn. 1:29 Lo que Juan decía era que este era el Cordero de Dios, la persona por la que esperábamos, el destino final en la ruta de expiación que Dios había creado. Esto es lo que Dios estuvo anticipando, Jesús.


3. EL CORDERO O YO.



Cristo está pronto para libertarnos del pecado, pero no fuerza la voluntad; y si por la persistencia en el pecado la voluntad misma se inclina enteramente al mal y no deseamos ser libres, si no queremos aceptar su gracia, ¿qué más puede hacer? Hemos obrado nuestra propia destrucción por nuestro deliberado rechazo de su amor. "¡He aquí ahora es el tiempo acepto! ¡he aquí ahora es el día de salvación!" (2 Corintios 6: 2). "¡Hoy, si oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones!" (Hebreos 3: 7, 8).
"El hombre ve lo que aparece, mas el Señor ve el corazón" (1 Samuel 16: 7), el corazón humano con sus encontradas emociones de gozo y de tristeza, el extraviado y caprichoso corazón, morada de tanta impureza y engaño. El sabe sus motivos, sus mismos intentos y miras. Id a él con vuestra alma manchada como está. Como el salmista, abrid sus cámaras al ojo que todo lo ve, exclamando "¡Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón: ensáyame, y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí algún camino malo, y guíame en el camino eterno!" (Salmo 139: 23, 24). 34 Muchos aceptan una religión intelectual, una forma de santidad, sin que el corazón esté limpio. Sea vuestra oración: "¡Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí!" (Salmo 51: 10). Sed leales con vuestra propia alma. Sed tan diligentes, tan persistentes, como lo seríais si vuestra vida mortal estuviera en peligro. Este es un asunto que debe arreglarse entre Dios y vuestra alma; arreglarse para la eternidad. Una esperanza supuesta, y nada más, llegará a ser vuestra ruina. Estudiad la Palabra de Dios con oración. Esa Palabra os presenta, en la ley de Dios y en la vida de Cristo, los grandes principios de la santidad, sin la cual "nadie verá al Señor'. (Hebreos 12: 14) Convence de pecado; revela plenamente el camino de la salvación. Prestadle atención como a la voz de Dios que os habla. Cuando veamos la enormidad del pecado, cuando nos veamos como somos en realidad, no nos desesperemos. Pues a los pecadores es a quienes Cristo vino a salvar. No tenemos que reconciliar a Dios con nosotros, sino ¡oh maravilloso amor! "Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo" (2 Corintios 5: 19 ). El está solicitando por su tierno amor los corazones de sus hijos errados. Ningún padre según la carne podría ser tan paciente con las faltas y yerros de sus hijos, como lo es Dios con aquellos a quienes trata de salvar. Nadie podría argüir más tiernamente con el pecador. Jamás labios humanos han dirigido invitaciones más tiernas que él al extraviado. Todas sus promesas, sus amonestaciones, no son sino la expresión de su indecible amor.




CONCLUSIÓN.
(Gabi)
Cuando Satanás viene a decirte que eres un gran pecador, mira a tu Redentor y habla de sus méritos. Lo que te ayudará será el mirar su luz.
Reconoce tu pecado, pero di al enemigo que "Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores" (1 Timoteo 1: 15) y que puedes ser salvo por su incomparable amor. Hemos sido grandes deudores, pero Cristo murió para que fuésemos perdonados. Los méritos de su sacrificio son suficientes para presentarlos al Padre en nuestro favor. Aquellos a quienes ha perdonado más, lo amarán más, y estarán más cerca de su trono alabándolo por su grande amor e infinito sacrificio.
Cuanto más plenamente comprendemos el amor de Dios, más nos percatamos de la pecaminosidad del pecado. Cuando vemos cuán larga es la cadena que se nos ha arrojado para rescatarnos, cuando entendemos algo del sacrificio infinito que Cristo ha hecho en nuestro favor, el corazón se derrite de ternura y contrición. ¿Quieres tú aceptar el sacrificio de Cristo como pago por tus pecados, y por ese mismo sacrificio, ser restituido a la imagen de Dios?




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